
PINTURA EN UN JARRÓN
Mira cómo chocan y se interpenetran nuestras copas
sin sonar. Y el vino pasa por el vino
como la luna por su resplandor
entre las nubes. Oh silente transcurrir del mundo... Y el leve no-sonido juega como un mariposa
con otras mariposas que danzaran
en torno a la piedra calentada por el sol.
Un ciego masticar se aboveda sin rudeza
nutrido por nada, cual la amiba,
y aunque lo alzo más cercano a mí,
dejo que subsista la distancia previa;
lo único que me empujaría más allá
sería el paso de aquella bailarina.
Muzot, entre el 11 y el 15 de febrero, 1922
Para algunos es como vino, que incrementa
magníficamente el resplandor de la copa
Otros la inhalan como un aroma a hierba
o se desvanece ante ellos, perseguida y ahuyentada así.
A muchos les renueva el oído secreto
y los límpidos acordes de la transparente natura
tienen en ellos su resonancia más alta.
Que no la menosprecie ni ofenda ninguno de aquellos
a quienes se les negó en apariencia
y conocieron tan sólo el espacio habitado por ella,
o tal vez nomás el portal, el arco de entrada engalanado de pronto,
o bien el camino, de cuya curva difícilmente entrevista
se dice que es la última antes de la mansión,
siempre esplendente, donde los corazones,
que allí tienen comida y bebida, son seguros y fuertes.
Donde son lo que pensaban al reclamar
los beneficios de su hora y su día y a donde arribaron,
en un latido terrible, desde noches muy largas,
desde noches perdidas o pasadas en llanto quizá.
Porque aún aquellos que, receptores de una imperceptible
fracción del reparto la anhelan nomás,
cumplen toda la relación: sus corazones, que relucen con fuerza,
circundaron mundos hechos de materia nocturna
Muzot, alrededor del 23 de febrero, 1922
¡"Inclinación", palabra auténtica!
Que percibiésemos todas y no solamente
que el corazón aún calla; que allí
donde una colina inclina con lentitud
sus suaves laderas hacia la receptiva pradera
no sea menos nuestra, sino antes bien
nos acrezca y aumente, o que el amplio vuelo del ave
nos dé espacio para el corazón
y nos torne prescindible el futuro.
Pues todo es demasía y exceso. Sí,
porque ya entonces fue suficiente, cuando la infancia
nos agobió con una existencia infinita.
Incluso entonces fue demasiado. Cómo podríamos
ser nunca los disminuidos o defraudados:
nosotros, que con cualquier recompensa
Muzot. alrededor del 23 de febrero, 1922

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